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LA OTRA GUERRA

Por Javier Sierra

Mientras las fuerzas armadas de Estados Unidos afilan sus armas en el Medio Oriente, la opinión pública no habla de otro tema. La posible, muchos dicen inminente, guerra en Irak ha absorbido la atención nacional y mundial casi por completo.

Pero como hispano, hoy quiero hablarles de otra guerra, una que se está librando en este país y que afecta a tres de cada cinco miembros de nuestra comunidad. En este conflicto no hay fusiles, ni ametralladoras, ni bombas, ni tanques. Es una guerra silenciosa cuyas víctimas, en su gran mayoría, ni siquiera saben que lo son.

En esta guerra no hay balas ni cohetes. La munición son productos químicos tóxicos vertidos en el aire, el agua o la tierra que causan daños devastadores a la salud de quienes viven suficientemente cerca de ellos.

Se trata de un ataque tóxico contra decenas y decenas de comunidades hispanas situadas cerca de un basural, una refinería, un incinerador, una planta química o una autopista. No es una ofensiva exclusivamente contra hispanos; los afroamericanos y los anglosajones también son víctimas. Pero el porcentaje de latinos que la sufren es superior al de cualquier otra comunidad nacional.

Los ejemplos abundan, pero hoy les voy a hablar de dos casos bien ilustrativos. Empecemos en el Valle de San Joaquín, en California, donde el aire está tan contaminado por los vehículos y la actividad agrícola que vivir allí equivale a fumarse un paquete de cigarrillos al día. Pero para los hispanos del valle -casi el 40% de la población- esos cigarrillos parecen ser sin filtro.

Y

si no, que se lo pregunten a Liza Martínez, cuyos dos hijos, Nicholas, de 15 años, y Eileen, de 7, sufren de asma debido a la contaminación. Los dos confirman un estudio publicado del Environmental Working Group que asegura que en esta caldera de polución, las condiciones son un 36% peor para los hispanos.

"Yo tengo suerte porque mi familia vive en una zona menos contaminada, en Fresno", dice Martínez. "Pero cuando Nicholas visita a su tío, quien vive en el barrio, cerca de los campos de cultivo que se llenan de pesticidas, él se pone grave de verdad y hasta hay que hospitalizarlo".

El año pasado, en el Children's Hospital of Central California, en Madero County, la mitad de las 500 hospitalizaciones por asma fueron de niños hispanos.

Según el Dr. Kevin Hamilton, director del Programa de Asma del Centro Médico Comunitario de Fresno, entre los hispanos, el 20% de los niños y el 12% de los adultos padecen asma; mientras que entre los anglosajones, el 11% de los niños y el 7% de los adultos la sufren.

Y las muertes relacionadas con la contaminación son casi el doble entre los hispanos que entre los anglosajones.

La historia se repite en una comunidad en el norte de Denver, CO., llamada Vasquez-I70, donde más de 4,500 familias, la gran mayoría hispanas, viven en uno de los lugares más contaminados del país. Una vieja fundición dejó la tierra envenenada con plomo, arsénico y cadmio.

Estos residuos tóxicos significan un gravísimo riesgo para los más jóvenes. Con potencial para dañar todos los órganos del cuerpo humano, el plomo afecta especialmente a los niños debido a su capacidad de detener el crecimiento mental y físico. La exposición al plomo también puede causar daños catastróficos a mujeres embarazadas y a sus fetos, incluyendo nacimientos prematuros, bebés más pequeños, menor capacidad mental y posible reducción del crecimiento físico.

La situación es tan grave en Vasquez-I70 que el gobierno federal, hace años, lo eligió como "Superfund site", lo cual lo hizo elegible para recibir fondos federales destinados a limpiar el suelo de estos venenos. No fue fácil. Hizo falta la movilización de toda la comunidad para llamar la atención de las autoridades.

Sin embargo, el año pasado, el gobierno del Presidente Bush canceló los fondos aprobados dando así un portazo a las esperanzas de un mejor futuro para 4,500 familias.

Estos son típicos ejemplos de lo que se conoce como injusticia medioambiental, por la cual a las comunidades más vulnerables les toca vivir en los lugares más indeseables.

Pero no está todo perdido en esta guerra contra la contaminación tóxica. El arma para defenderse se llama el voto. Regístrese para votar, y cuando vote, recuerde quiénes son sus aliados y quiénes sus enemigos en este conflicto.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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The Other War
Por Javier Sierra

While the US armed forces ready their weapons in the Middle East, public opinion speaks of nothing but that. The likely, many would say imminent, war in Iraq has almost completely absorbed national and international attention.

But as a Hispanic, today I want to talk to you about another war, one that is being fought in this country and that affects three out of five members of our community. This is a quiet war whose casualties, in the vast majority of the cases, never know what kind of risk they face.

In this war there are no bullets or rockets. The ammunition is toxic chemicals dumped in the air, water and soil, with devastating consequences for the health of those who live nearby.

I am talking about a toxic attack on scores upon scores of Hispanic communities located close to garbage dumps, refineries, incinerators, chemical plants or freeways. This offensive does not target only Hispanics; African Americans and white Americans are also victims. But the percentage of suffering Hispanics is higher than that of any other national community.

Examples abound. But today I am going to focus on two very illustrative cases. Let us start with the San Joaquin Valley, in California, where the air is so polluted by cars and farming equipment that living there is like smoking a pack of cigarettes a day. For the valley Hispanics, though, which comprise 40 percent of the population, those cigarettes do not seem to have filters.

Meet Liza Martínez, whose two children, Nicholas, 15, and Eileen, 7, have pollution-induced asthma. Both confirm an Environmental Working Group study which found that in that cauldron of pollution, conditions for Hispanics are 36 percent worse.

"I am lucky I live with my family in an area with less pollution, in Fresno," says Martínez. "But when Nicholas visits his uncle, who lives in the barrio, close to the fields full of pesticides, he gets really sick and we even have to take him to the hospital."

Last year, half of all the kids hospitalized because of asthma at the Children's Hospital of Central California in Madero County were Latinos.

According to Dr. Kevin Hamilton, director of the Asthma Program at the Community Health Centers in Fresno, among Hispanics, 20 percent of children and 12 percent of adults have asthma; whereas among whites, 11 percent of children and 7 percent of adults do.

Moreover, almost twice as many Hispanics die because of pollution-related illnesses as whites.

A similar story is going on in a community in Denver, CO, called Vasquez-I70, where more than 4,500 mostly Hispanic families live in one of the country's most contaminated places. An abandoned foundry left the soil poisoned with lead, arsenic and cadmium.

These toxic residues pose a grave danger for kids. With potential to damage every internal organ in the human body, lead specially affects children because of its potential to impede both mental and physical development. Exposure to lead also can cause catastrophic damage to pregnant women and their fetuses, including premature birth, smaller babies, lesser mental capacity and likely physical growth reduction.

The situation is so critical in Vasquez -I70 the federal government years ago chose it as a Superfund site, which made it eligible for federal funding to clean up the soil. It was not easy. It took the entire community to mobilize in order to attract the authorities' attention.

Last year, however, the Bush administration cancelled the approved funds, thus slamming the door on the hopes of those 4,500 families for a better future.

These are typical examples of what is known as environmental injustice, by which the most underprivileged communities get to live in the most dangerous places.

But not everything is lost to toxic pollution. The weapon to defend yourself against it is your vote. Register to vote, and when you cast your ballot, keep in mind who are your allies and who your enemies in this war.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information, please visit www.sierraclub.org/ecocentro


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