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Cuando Hay Humo, Hay Fuego

Por Javier Sierra

Durante décadas, los expertos médicos y medioambientales han sospechado que el incremento de smog (niebla tóxica) en la atmósfera aumentaba también el número de muertes por enfermedades cardio-pulmonares. Si hay humo, tendrá que haber fuego, razonaban.

Los expertos resultaron tener razón. El "fuego", finalmente, se ha detectado. Y lo ha hecho un estudio publicado por la revista médica más prestigiosa del país, Journal of the American Medical Association (JAMA).

El informe, completado por investigadores de las universidades de Yale y Johns Hopkins, indica por primera vez que incluso incrementos relativamente pequeños del ozono --un componente principal del smog-- causan un aumento en las muertes por males del pulmón y el corazón.

El estudio fue realizado en las 95 áreas pobladas más extensas del país, donde residen el 40% de sus habitantes y la abrumadora mayoría de la comunidad latina. Esto incluye Los Angeles y el Valle Central de California, Chicago, Houston, Nueva York, Phoenix y Atlanta.

Pero, ¿qué es este veneno llamado ozono? Es un gas incoloro que se crea principalmente durante el verano cuando los gases procedentes de los vehículos y la actividad industrial reaccionan con la luz del sol. El ozono es un poderoso irritante que inflama las vías respiratorias, causando ataques de asma y otros males respiratorios, y que también contribuye a los ataques al corazón.

De nuevo hay que resaltar que cuando se trata de contaminación, lo que es fuego para la comunidad en general, es infierno para nosotros los hispanos. Mientras que el 57% de la población anglosajona vive en los condados con el aire más sucio del país, el 80% de los latinos residimos en esas áreas. En el Valle de San Joaquín, en California, el cual tiene una de las atmósferas más tóxicas de Estados Unidos, el aire que respiran los hispanos está casi un 40% más contaminado.

El estudio nos indica que en Nueva York, por ejemplo, el aumento de sólo 10 partes de ozono por mil millones causa 319 muertes adicionales al año. Y en la totalidad de las 95 áreas estudiadas, el mismo incremento de ozono causa 3,767 muertes adicionales anuales.

Pocos nos escapamos de esta lacra porque los investigadores encontraron que la relación entre el ozono y la mortandad de la población ocurre incluso en regiones con contaminaciones atmosféricas bajas, inferiores a los máximos permitidos por el gobierno federal.

El estudio publicado por JAMA surge mientras la Administración Bush planea desmantelar tres décadas de avances medioambientales, la mayoría de los cuales fueron instituidos, irónicamente, por dos presidentes republicanos, Richard Nixon y Gerald Ford.

En los últimos cuatro años, la Administración Bush se ha contentado con sólo debilitar las leyes medioambientales que a todos nos protegen, especialmente la Ley de Aire Limpio, la cual en los últimos 30 años ha reducido la contaminación atmosférica en más de la mitad.

Pero aquello parece haber sido sólo el calentamiento antes del partido principal.

"La elección fue una validación de la filosofía y la agenda [de la Administración Bush]", dijo Mike Leavitt, el administrador de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA). Leavitt agregó que un tercio de la fuerza laboral de la EPA será elegible para jubilarse en los próximos cuatro años, lo que le permitirá reemplazarlos con personas más afines a las necesidades de los contaminadores.

Asimismo, los aliados de la administración en el Congreso Federal echan leña al fuego. El Representante Joe Burton (R-CA), presidente de la Comisión de Energía y Comercio, planea "revisar detalladamente" (léase destripar) la Ley de Aire Limpio, probablemente a principios del año entrante.

La administración Bush, sin embargo, tiene escasas razones para reclamar un mandato de los votantes. Según una encuesta del National Resources Defense Council, la mayoría de los votantes desaprueba la política medioambiental de su administración, y el 74% apoya iniciativas que ahorren petróleo y exploren nuevas tecnologías energéticas.

Quizá deberíamos recordar a la administrión Bush lo que su propia agencia, concretamente el Centro para el Control de las Enfermedades (CDC), concluyó sobre la salud de los latinos en un reciente informe:

"Los hispanos sufren una carga desproporcionada de enfermedades, lesiones, muerte y discapacitaciones cuando se la compara con la de la población blanca no hispana. Para los hispanos en Estados Unidos, las disparidades en el cuidado de la salud pueden significar pérdida de calidad de vida, disminución de las oportunidades económicas y la percepción de injusticia".

Sólo queda preguntarse, ¿qué nos va a traer la Administración Bush esta Navidad: una máscara de gas o el regalo de la vida.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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Where There's Smoke, There's Fire
By Javier Sierra

For decades, health experts and environmentalists have suspected that the increase of smog in the air raised the number of deaths due to heart and lung diseases. If there's smoke, there's got to be a fire, they reasoned.

Well, the experts turned out to be right. A report published by the country's most prestigious health magazine, the Journal of the American Medical Association (JAMA), has verified the "fire."

The study, conducted by researchers from Yale and Johns Hopkins universities, for the first time points out that even relatively small quantities of ozone -- a main component of smog -- cause an increase in cardio-pulmonary fatalities.

The report focused on the country's 95 most populated areas, where 40 percent of Americans and the overwhelming majority of the Latino community live. These areas include Los Angeles and California's Central Valley, Chicago, Houston, New York, Phoenix and Atlanta.

But what is this poison called ozone? It's a colorless gas that forms mainly during the summertime when car and industrial emissions react with sunlight. Ozone is a powerful irritant that causes the airways to swell, triggering asthma attacks and other respiratory diseases, and is also a factor in heart attacks.

And when it comes to pollution, what is fire for the population in general, is an inferno for Hispanics. Whereas 57 percent of non-Hispanic whites live in counties with the country's dirtiest air, 80 percent of Latinos live there. In California's San Joaquin Valley, which has some of the most toxic air in the United States, the air Hispanics breathe is almost 40 percent more polluted.

According to the JAMA report, a small increase of 10 parts of ozone per one billion causes 319 additional deaths per year in New York. And in all the 95 areas surveyed by the researchers, the same slight ozone increase causes 3,767 additional deaths per year.

Few escape the danger. The researchers concluded that the relationship between ozone and mortality takes place even in regions where air pollution is lower than the federal government's limits.

The JAMA report was released while the Bush administration continues to dismantle three decades of environmental progress, most of which, ironically, were instituted by two other Republican presidents, Richard Nixon and Gerald Ford.

For the last four years, the Bush administration has settled for just weakening the environmental laws that protect us all, especially the Clean Air Act, which in the last 30 years has reduced air pollution by more than half.

But that seems to have been just a warm up for the big game.

"The (2004) election was a validation of the philosophy and the agenda [of the Bush administration]," said Environmental Protection Agency administrator Mike Leavitt. He added that a third of the EPA's work force will be eligible for retirement in the next four years, which will give him the opportunity to replace them with people more attuned to the polluters' agendas.

Likewise, the administration's allies in Congress keep feeding the fire. Rep. Joe Barton (TX-R), chairman of the House Energy and Commerce Committee, has said that he plans “a comprehensive revision” (read gutting) of the Clean Air Act, possibly early next year.

Bush, however, has little or no reason to claim a mandate on his environmental actions. According to a new poll by the National Resources Defense Council, a majority of voters are dissatisfied with his administration's environmental policies. And 74% of them back initiatives that save oil and explore new energy technologies.

Perhaps we should remind him what his own administration, specifically the Centers for Disease Control (CDC), found out about the health of the Hispanic community:

"Hispanics bear a disproportionate burden of disease, injury, death, and disability when compared with non-Hispanic whites, the largest racial/ethnic population in the United States," the CDC concluded in a recent report. "For Hispanics in the United States, health disparities can mean decreased quality of life, loss of economic opportunities, and perceptions of injustice."

So we have but to ask ourselves, what is the Bush administration going to bring us this Christmas, a gas mask or the gift of life?

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. The Sierra Club is America's oldest, largest and most influential grassroots environmental organization.


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