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Nuestra Columna

Un Soplo de Aire Fresco
Por Javier Sierra

Con el inminente fin del año escolar, también están a punto de llegar las calificaciones. ¿Pasará nuestra comunidad su asignatura pendiente, la educación de nuestros hijos?

La comunidad latina es la menos educada del país, y mientras el resto de la nación avanza, nosotros seguimos estancados. Una de las causas de esta alarmante situación son los elevadísimos índices de evasión escolar. Hasta un 35% de los estudiantes latinos de secundaria abandona la escuela antes de graduarse, un índice cuatro veces mayor que los anglosajones.

Pero en medio de estos desalentadores datos, surge un soplo de aire fresco para el futuro de nuestra comunidad. Se trata de un estudio realizado por el Departamento de Educación de California que muestra que la combinación de educación y naturaleza tiene un efecto revitalizador en la formación de nuestros hijos.

El informe -publicado este mes- indica que los programas de educación medioambiental al aire libre aumentan las calificaciones en ciencias y matemáticas en un 27%, y que ese aumento de conocimientos se mantuvo hasta diez semanas más tarde de participar en la iniciativa.

El estudio es particularmente significativo para nuestra comunidad en todo el país porque en él participaron 255 estudiantes de cuatro escuelas en donde casi el 90% de sus estudiantes es latino.

Pero los avances no sólo se detectaron en el aspecto académico. Los investigadores descubrieron que los participantes experimentaron una notable mejoría en la autoestima, la conclusión de conflictos, la relación con sus compañeros, la resolución de problemas, la motivación para aprender y el comportamiento en la clase.

Asimismo, según el sondeo, los estudiantes cuya lengua materna es el español -un 58 por ciento del total- mostraron mejoras significativamente mayores que sus compañeros de habla inglesa en cooperación, liderazgo, relaciones con otros alumnos y motivación para aprender.

Esta influencia positiva también se notó en la casa. Los padres de los participantes observaron que sus hijos se mostraron mucho más dispuestos a seguir comportamientos positivos en sus hogares, como el respeto a la naturaleza y la insistencia en el reciclaje.

Además, La inmensa mayoría de los maestros enfatizó los resultados alentadores del estudio, incluyendo el aumento en la confianza en sí mismos y la autoestima, las relaciones positivas entre estudiantes, y la reducción de problemas de disciplina y comportamiento.

El estudio, sin embargo, no sorprendió a un estudiante hispano a quien programas como éstos le cambiaron la vida.

"Hace años que sabíamos que la educación medioambiental al aire libre tiene una gran influencia positiva", dice Juan Martínez, un muchacho procedente de uno de los barrios más duros de Los Angeles. "En 2002, mi primer contacto con la naturaleza fue la chispa que encendió la pasión de mi vida".

La vida de Juan estaba vacía de ilusiones y proyectos, y la escuela era tan sólo un obstáculo más para poder obtener un trabajo. Estaba al borde del camino, a punto de abandonar la escuela y sentenciado a fracasar.

Pero, curiosamente, Juan acabó yendo a una excursión al estado de Wyoming para aprender ciencias a resultas de un castigo.

"Estaba detenido en la escuela y un maestro me recomendó que tomara el curso para ganar créditos escolares", recuerda. "No tenía ni idea de que aquellas dos semanas me iban a dejar marcado, que iba a descubrir algo llamado pasión".

"Fue la primera vez que vi peces vivos en un río, que vi un águila volar sobre mi cabeza. Por la noche había tantas estrellas que era imposible contarlas", dice.

En aquel viaje Juan encontró su buena estrella. Sus calificaciones mejoraron espectacularmente, comenzó a tomar cursos avanzados para la universidad y eventualmente se convirtió en el primer graduado de secundaria de su familia.

Hoy, Juan es asesor de un grupo que organiza excursiones para jóvenes, asiste a una universidad comunitaria y se prepara para convertirse en abogado medioambientalista.

Pero advierte que hay mucho trabajo por hacer.

"Los jóvenes que tienen acceso a estos programas son una minoría muy pequeña. El problema es que no hay suficiente información sobre ellos ni fondos para financiarlos", dice.

Efectivamente, sólo el 15% de los estudiantes del estado disfrutan de estos programas, y la gran mayoría de ellos vive en zonas adineradas.

"Esta experiencia marca la diferencia para todos, desde el peor pandillero hasta el mejor estudiante", dice Juan.

Ahora falta saber si los educadores del país se van a aprender esta lección.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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A Breath of Fresh Air
By Javier Sierra

The schoolyear is over, the grades are in- but it remains to be seen whether the Latino community will pass a crucial subject: our children's education.

We have heard the statistics. The Hispanic community is the least educated in the country. We suffer from exorbitant dropout rates that are four times higher than those of non-Hispanic whites.

But Latinos can now breathe a breath of fresh air. A study released this month by California's Department of Education found that the combination of education and the outdoors has a revitalizing effect on our children.

The report concludes that outdoor education programs increased math and science scores by 27 percent, and that this increase in knowledge lasted for up to ten weeks after the end of the program.

The study is particularly relevant for our community throughout the country because the 255 participants were selected from four schools where almost 90 percent of the students are Latinos.

The improvement, however, was not only detected on the academic side. Researchers revealed that participants experienced a remarkable improvement in their self-esteem, conflict resolution, relationships with their peers, problem solving, motivation to learn and behavior in the classroom.

Also, according to the survey, Spanish-speaking students -58 percent of the total- showed significant improvements, larger than those of their English-speaking counterparts, in cooperation, leadership, relationships with peers and motivation to learn.

This positive influence was also evident at home. Participants' parents observed that their children behaved better, showing more respect for nature and an insistence on recycling.

Moreover, the vast majority of participating teachers emphasized the study's positive outcomes, including an increase in their students' confidence and self-esteem, more positive relationships among students, and reduced discipline and behavioral problems.

The study's results, however, did not surprise a Latino student whose life was changed by outdoor education.

"We have known that outdoor education programs have had a huge positive influence for years," says Juan Martínez, a young resident of one of Los Angeles' toughest barrios. "In 2002, my first contact with the outdoors was the spark that lit my life's passion."

At that time, Juan's life was empty of dreams and projects, and school was just another obstacle to get past before he could get a job. He was walking a thin line, about to drop out and sentenced to fail.

But, curiously, Juan signed up for an outing to Wyoming's Grand Tetons as a result of a punishment.

"I was in school detention, and one of my teachers recommended that I take the course in order to gain credits," he remembers. "I had no idea that those two weeks were going to leave a mark on me, that I was about to discover something called passion."

"It was the first time I saw live fish in a river, the first time I saw a bald eagle flying over my head. At night there were so many stars it was impossible to count them," he says.

Juan found his guiding star during that outing. His grades experienced a remarkable improvement. He moved into advanced placement courses and eventually was the first member of his family to graduate from high school.

Today, Juan is an advisor to a group organizing outings for students, attends a community college, and dreams of becoming an environmental lawyer.

But he warns there is a lot of work to be done.

"The young people with access to these programs are a very small minority. We need to increase funding so that more students can reap the benefits of outdoor education," he says.

In fact, only 15 percent of the California's students get to participate in environmental education programs, and most of them come from wealthy areas.

"This experience makes a difference for everyone, from the worst gang member to the best A student," concludes Juan.

It remains to be seen whether the country's educators can learn this lesson.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. The Sierra Club is America's oldest, largest and most influential grassroots environmental organization.


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