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Nuestra Columna

Transparencia Petrolera
Por Javier Sierra

Prepárese a acabar embadurnado en crudo después de explorar conmigo las prácticas de la industria petrolera y sus nefastas consecuencias para su bolsillo, nuestra seguridad nacional y la supervivencia del medio ambiente.

Empecemos con la más reciente aparición de los líderes de esta industria -concretamente de las compañías ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips, Shell Oil y BP America- ante el Congreso Federal para intentar justificar sus escandalosas ganancias mientras los consumidores del país pagaban precios récord en las gasolineras.

Motivado por la indignación de los votantes, el Congreso exigió hace unas semanas a los ejecutivos petroleros que justificaran ante sus comités cómo su industria pudo haber ingresado este año $228,000 millones. Quede claro que los mismos congresistas republicanos que exigieron las audiencias fueron los que aprobaron tres meses atrás una ley de energía cargada de miles de millones de dólares en subsidios y cortes de impuestos para este mismo sector.

No es de extrañar la indignación de los consumidores. Por ejemplo, ExxonMobil, la corporación más rentable del mundo, ganó en el tercer trimestre de este año casi $10,000 millones. Es decir, en cada minuto de esos tres meses, ExxonMobil ganó $74,000. Considere que el trabajador promedio en Estados Unidos gana $40,000 al año.

Pero esta cruda de ganancias no se debe al embate de los huracanes Katrina o Rita, ni a la falta de capacidad refinadora, como nos insiste la industria petrolera. La explosión de los precios de los combustibles se debe fundamentalmente a una estrategia de mercadeo, iniciada por este sector a principio de los años '90, de reducir la oferta para aumentar las ganancias.

Esto nos ha dejado a todos a merced de un mercado impredecible que este año ha triplicado el precio de la gasolina y aumentado los de los combustibles de calefacción hasta un 85%. De este modo, los hogares de cientos de miles de consumidores, muchos de ellos latinos, quedarán este invierno tan fríos como el corazón colectivo de la industria petrolera.

"Estas compañías se adhieren a la idea de que tienen derecho a cobrar cualquier precio que el mercado ofrezca", declaró Dave Hamilton, Director del Programa de Energía del Sierra Club, al ver que los ejecutivos no expresaron remordimiento alguno ante el Congreso. "ExxonMobil cree que se merece lo que pueda sacar de este arreglo, incluso si es a costa de exprimir a los consumidores más modestos, quienes este invierno enfrentan los precios más altos de combustibles de calefacción de la historia".

Pero ahora resulta que la industria vino a Washington armada no sólo de arrogancia sino también de deshonestidad. Un documento recientemente filtrado al Washington Post reveló que los ejecutivos petroleros mintieron al Congreso. Durante su testimonio ante una comisión del Senado, se les preguntó si alguno de ellos o sus compañías había participado en las deliberaciones secretas del Grupo de Desarrollo de la Política Energética Nacional en las que, en las primeras semanas de la presidencia de George Bush en 2001, se decidió el futuro energético del país.

Todos respondieron que no, pero el documento filtrado indicó que todas esas compañías sí participaron en esas misteriosas deliberaciones.

Este tema es crucial. Ahora sabemos -a través de los pocos documentos sobre el Grupo que a regañadientes ha desclasificado la Casa Blanca- que se tomaron decisiones graves y de consecuencias a largo plazo, incluyendo la posibilidad de "capturar" las reservas petrolíferas de países como Irak.

Con nuestros bolsillos esquilmados, cientos de miles de hogares a merced del invierno, y nuestro futuro energético y seguridad nacional en peligro, la industria petrolera insiste en perforar el agujero en el que todos estamos metidos. Pero las soluciones a esta crisis nos están esperando a todos.

En lugar de jugar a los politiqueos con esta crisis, el Congreso debe aprobar asistencia inmediata para que las familias del país reduzcan sus costos de combustible.

Debe ofrecer créditos de impuestos para comprar carros híbridos que consumen la mitad que los normales, y rechazar las propuestas de incrementar los impuestos a los dueños de estos vehículos.

Debe fomentar el transporte público invirtiendo en trenes, autobuses y otras alternativas más eficaces.

Y sobre todo, debe suspender los subsidios y los reducciones de impuestos a corporaciones que se ahogan en sus propias ganancias.

Esta industria y sus amigos en el gobierno nos están mostrando una transparencia petrolera. Así que la próxima vez que llene el tanque de gasolina o prenda el termostato de su calefacción, recuerde que este sector, y nuestros líderes políticos, le deben mucho más que su dinero. Le deben la verdad.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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As Transparent as an Oil Slick
By Javier Sierra

Get ready to be appalled by the crude practices of the oil industry and their deep and destructive impact on your pocketbook, our national security and the fate of our air, water and wildlands.

Let's start with the recent appearance by the leaders of this industry -specifically ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips, Shell Oil and BP America- before Congress in an attempt to justify their scandalous profits while American consumers pay record prices at the gas pump.

Motivated by the outrage of voters forced to pay the highest gas prices in history, Congress demanded that the oil executives justify how their industry made $228 billion this year alone. Incidentally, those were the very same Republican representatives who, three months before, passed an energy bill loaded with billions of dollars in subsidies and tax cuts for the same oil companies.

The consumers' outrage is justified. For instance, ExxonMobil, the world's most profitable corporation, last quarter posted almost $10 billion in profits. In other words, ExxonMobil made $74,000 each minute. Keep in mind the average salary of an American worker is $40,000 a year.

But these profits are not the result of shortages caused by Hurricane Katrina or Rita, or by the lack of refinery capacity, as the industry would have you believe. The skyrocketing fuel prices are fundamentally due to decisions made by this sector in the early 1990s to reduce supply to drive up profits.

This strategy has left us all at the mercy of an unpredictable market which this year has tripled gas prices and increased the cost of heating fuels by as much as 85 percent. That is why this winter, the homes of hundreds of thousands of consumers, many of them Latinos, will feel as cold as Big Oil's collective heart.

"They stand by the unspoken idea that this is a world where they are entitled to charge whatever price the market will bear," declared Dave Hamilton, Sierra Club Global Warming and Energy Program Director, after witnessing the oil executives express no remorse before Congress. "ExxonMobil believes it deserves what it can get away with -even if that is skimming the cream off the U.S. economy for its own gain or squeezing low income Americans, who this winter face the highest heating oil prices in history."

It turns out Big Oil came to Washington armed not only with arrogance but also with dishonesty. A White House document recently leaked to the Washington Post revealed that those oil executives lied to Congress. During the hearings, they were asked if they or other representatives of their companies participated in the secret meetings of the White House Energy Task Force where, in the first weeks of the George W. Bush presidency in 2001, the country's energy policy was decided.

They all answered no, but the document leaked to the Post explained that each and every one of those companies participated in those backroom discussions.

This is a crucially important issue. We know -through the very few Task Force documents the White House has reluctantly declassified- that extremely serious and long term decisions were made during the meetings, including the possibility of "capturing" the oil reserves of countries like Iraq.

With our pockets depleted, hundreds of thousands of homes at the mercy of winter, and our energy future and national security at risk, the oil industry continues to drill the hole we're all stuck in. But there is a better way.

Instead of playing politics with this crisis, our leaders must provide immediate relief so that consumers can reduce their energy bills.

There should be more tax credits for hybrid vehicles, which consume half the fuel of regular cars, and no proposals to increase taxes on the owners of those vehicles.

There should be new transportation options through increased investment in rail, bus and other fuel-efficient alternatives.

And above all, tax breaks and subsidies for an oil industry that is drowning in profits should be repealed.

The oil industry and its friends in government are turning out to be as transparent as a black oil slick. So next time you fill your tank or turn on your thermostat, remember that the oil companies and our political leaders owe you much more than your money. They owe you the truth.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. The Sierra Club is America's oldest, largest and most influential grassroots environmental organization.


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