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El Peor Ciego Es el Que No Quiere Ver

Por Javier Sierra

Grover Norquist, el ideólogo más influyente del Partido Republicano, hace años proclamó que su meta final era reducir el gobierno federal "lo suficiente como para poder ahogarlo en una tina de baño".

Después de siete años de la administración Bush en el poder, nos hemos dado cuenta que sus inusitados niveles de incompetencia, nepotismo y corrupción no son elementos fortuitos. Son los síntomas inequívocos de una inquebrantable disciplina para cumplir con la profecía de Norquist.

El gobierno es el problema, dicen, y la estrategia básica para solucionarlo ha sido asegurarse de que cada gallinero tuviera su zorro como guardián. Y el ejemplo más clamoroso, y también doloroso, de esta estrategia ha sido la respuesta federal al embate del Huracán Katrina, cuyo segundo aniversario se cumple estos días.

Todos recordamos las catastróficas consecuencias de la gestión federal antes y después de la tormenta, las colas interminables de refugiados esperando el autobús que nunca vino a salvarles, las decenas de miles de personas hacinadas en el Superdome, los cadáveres flotando en las áreas inundadas adonde nunca llegaron las cuadrillas de rescate.

Katrina, lamentablemente, resultó ser sólo la consecuencia lógica de la respuesta federal después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 (o 9-11). Un informe secreto de la Agencia de Protección Medioambiental reveló el año pasado que la Casa Blanca y dicha agencia "conspiraron" para tranquilizar falsamente al público sobre la verdadera peligrosidad de los terribles venenos que cubrieron la zona. Seis años después de los ataques, la abrumadora mayoría de los trabajadores de limpieza --casi todos latinos-- y de rescate que entraron en la Zona Cero están enfermos o discapacitados, y muchos de ellos han muerto debido a la exposición a sustancias como asbesto, benceno, dioxinas y cristal pulverizado. ¿Y cuál fue la respuesta de la administración Bush a la tormenta de críticas por su actuación? Convertirla en el estándar nacional para catástrofes de esta envergadura.

Pero las secuelas de Katrina siguen punzando nuestras conciencias. Para albergar a parte de los cientos de miles de refugiados, FEMA distribuyó casas-remolque, pero este supuesto remedio resultó ser ratoneras tóxicas impregnadas de un compuesto cancerígeno llamado formaldehído. Después de enterarse de alarmantes reportes de residentes que sufrían nausea y dolores de cabeza, el Sierra Club condujo varias pruebas que concluyeron que la causa de los síntomas era el formaldehído. Hizo falta una audiencia parlamentaria para obligar a FEMA a suspender la distribución de sus ratoneras tóxicas. Allí se develó que la agencia ignoró repetidamente las denuncias de los residentes, varios de los cuales han muerto debido a las inhalaciones tóxicas. ¿Y cuál fue la razón de esta cruel indiferencia? FEMA, a instancias de sus abogados, decidió que investigar las denuncias le hubiera obligado a actuar en consecuencia.

La lista de zorros es interminable. Hace unas semanas el catastrófico derrumbe del puente de la I-35W en Minneapolis, MN, dejó patente el lamentable estado de la infraestructura de Estados Unidos. Uno de cada tres puentes en el país necesita ser reparado. ¿Y a quién elige la Casa Blanca para supervisar la reconstrucción del puente de Minneapolis? A Richard Capka, quien en 2002 fue despedido entre la indignación popular tras su incompetente gestión de una obra pública en Boston.

O ¿qué funcionario público estaba encargado de supervisar el rescate de los mineros atrapados en Utah? Richard Stickler, quien, durante sus años de ejecutivo de la industria minera, antepuso las ganancias de su compañía a la seguridad de sus minas. Debido a su terrible historial, Stickler fue rechazado durante las audiencias de confirmación en el Senado como encargado de la seguridad de las minas del país. El Presidente Bush resolvió el problema de un plumazo confirmándolo durante un receso del Congreso.

Después de Katrina, 9-11, Irak y tantos otros ejemplos del cáncer que corroe el gobierno federal, a la administración Bush se le ha acusado benévolamente de dar palos de ciego. La realidad es que la administración buscaba menos gobierno pero creó un gobierno quebrado. Mientras observamos la fuga de asesores de la Casa Blanca, los que permanecen nos hacen recordar que el peor ciego es el que no quiere ver. Afortunadamente prestamos todos más atención cada día, y todavía recordamos cómo debe funcionar un gobierno eficaz. Mientras buscamos la reforma, tenemos que seguir cuidando de nuestros vecinos hasta que el gobierno se recupere. 

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.


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Blinded by Power
By Javier Sierra

Grover Norquist, the Republican Party's most influential ideologue, who has been called the Lenin of the anti-tax movement, years ago proclaimed that his ultimate goal for the federal government was "to get it down to the size where we can drown it in the bathtub."

After seven years of the Bush administration in power, we have realized that its unheard-of levels of incompetence, nepotism and corruption are not accidental. Those are the unequivocal symptoms of an unbreakable discipline to fulfill Norquist's prophecy.

Government is the problem, they say, and the basic strategy to solve it has been to make sure every henhouse had its fox to guard it. And the most outrageous, and also painful, instance of this strategy has been the federal response after Hurricane Katrina, whose second anniversary we are now observing.

We all remember the federal intervention's catastrophic consequences before and after the storm, the endless lines of refugees waiting for the bus that never took them to safety, the tens of thousands of people piled up in the Superdome, and the dead bodies floating in the flooded areas where rescue workers never made it.

Katrina, unfortunately, turned out to be the logical consequence of the federal response after the 9-11 attacks. A secret Environmental Protection Agency report revealed a year ago that the White House and the EPA "conspired" to falsely reassure the public about the true dangers posed by the toxic nature of the terrible poisons that blanketed the area. Six years after the attacks, the overwhelming majority of the cleaning workers --most of them Latinos-- and of the rescue crews who worked near Ground Zero are either sick or disabled; and many of them have died because of exposure to substances such as asbestos, benzene, dioxins and pulverized glass. And what was the response of the Bush administration to the storm of criticism about its response? It turned it into the national standard response in case of catastrophes like 9-11.

But were the ignored lessons of Ground Zero finally learned after Katrina? Unfortunately, the hurricane's echoes remain with us today. In order to house some of the hundreds of thousands of evacuees, the Federal Emergency Management Agency (FEMA) distributed trailer homes, but those turned out to be toxic mousetraps impregnated with a carcinogen called formaldehyde. After learning of alarming reports by residents who were suffering from headaches and nausea, Sierra Club volunteers conducted several tests which concluded that the trigger of the symptoms was the formaldehyde. It took a full Congressional hearing to force FEMA to suspend the distribution of the toxic trailers. There, it was revealed that FEMA ignored the numerous reports from residents, several of whom may have died because of the toxic fumes. And what was the reason for this inaction? FEMA lawyers advised the agency that if they tested the trailers, then they might be expected to do something about it.

The list of foxes is endless. A few weeks ago, the catastrophic collapse of the I-35W bridge in Minneapolis exposed the sorry state of the nation's infrastructure. One out of every three bridges in the country needs to be repaired. And whom did the administration choose to supervise the rebuilding of the Minneapolis bridge? Richard Capka, who in 2002 was fired amid outrage over his incompetent management of the "Big Dig" public works project in Boston.

Or, what public official was in charge of supervising the rescue of coal miners trapped in Utah? Richard Stickler, who, during his years as a mining industry executive, his priority was profit making not mine safety. Because of his dismal record, Stickler was rejected by a Senate committee as the nation's mine safety czar. President Bush solved the problem by resorting to a recess appointment of Stickler.

After Katrina, 9-11, Iraq and so many other examples of this cancer that is corroding the federal government, the Bush administration has generally been accused of coming up with poor solutions to problems. In fact, the administration set out for a smaller government but created a broken government. As administration advisors continue to abandon the sinking ship, those who remain are woefully blinded by power. Luckily Americans are increasingly observant, and we can still remember what effective government should look and feel like. While we push for reforms, we must continue to look out for each other while nursing our government back to health.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. For more information, please visit www.sierraclub.org/ecocentro


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