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Poderoso Caballero Es Don Dinero

Por Javier Sierra

Poderoso caballero es don Dinero y la Corte Suprema de Justicia lo acaba de hacer aún más poderoso. De un plumazo, la corte más conservadora en 100 años sacudió los cimientos de la democracia permitiendo a las corporaciones gastar tanto dinero como gusten para apoyar u oponerse a un determinado candidato electoral.

En otras palabras, los cinco magistrados conservadores prácticamente legalizaron el soborno de políticos electos, argumentando que el dinero es una forma de expresión protegida por todos los derechos de la Primera Enmienda.

La decisión abre las puertas de par en par a un cáncer que ya lleva décadas corroyendo la fibra democrática de nuestra nación: el legislar a golpe de chequera. El que más dinero y cabilderos tenga, más poder acumula.

Le ofrezco el síntoma más reciente de este cáncer. Una nueva enmienda presentada en el Senado arrebataría a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) su poder de regular los gases de calentamiento global.

La administración Obama, obedeciendo una decisión de la Corte Suprema y guiándose por estudios científicos, determinó en diciembre que los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, constituyen una amenaza contra la salud pública y que deben ser regulados.

Pero ahora, las industrias petrolera y carbonera quiere arrebatarnos a todos el poder de regular a los contaminadores.

A los hispanos, esta decisión nos afectaría prácticamente más que a ninguna otra comunidad. Según un estudio de LULAC, el 80% de los hispanos vivimos peligrosamente cerca de una planta de combustión de carbón. Asimismo, el 80% de nosotros vivimos en los condados del país con la peor calidad de aire.

No es de extrañar que entre los méxico-americanos y los puertorriqueños, es decir, dos terceras partes de la comunidad hispana, el asma se considere una epidemia, especialmente entre nuestros niños.

Los emisores de los gases de cambio climático no sólo están calentando el planeta de manera alarmante, también están envenenando a nuestras comunidades. Las 500 plantas de combustión de carbón que existen en Estados Unidos causan anualmente 21,000 hospitalizaciones, 38,000 ataques al corazón y 24,000 muertes innecesarias.

Pero donde hay humo (o smog) hay fuego. El Washington Post informó que dos cabilderos que representan a varios miembros de la industria energética, especialmente el sector eléctrico, ayudaron a redactar la enmienda que debilitaría la autoridad de la EPA. Entre los clientes de Jeffrey R. Holmstead y Roger R. Martella -dos ex funcionarios de la EPA de la administración Bush- están Southern Co., Duke Energy y Progress Energy.

Pero hay más. Según documentos del Senado, seis compañías contaminadoras gastaron un total de $142 millones en cabildeo directo en 2009. Estas mismas compañías, incluyendo ExxonMobil, British Petroleum y Chevron, también gastaron millones más en cabildeo indirecto y en propaganda para influenciar a funcionarios públicos. Estos contaminadores están obstaculizando las importantes regulaciones que protegerían a nuestras comunidades contra el calentamiento global y la contaminación, como el smog.

Y hablando de smog, la EPA ha propuesto estándares nacionales de esta peligrosa forma de ozono mucho más exigentes. Obedeciendo las recomendaciones de sus científicos, la agencia quiere reducir los niveles de smog de 75 a entre 60 y 70 partes por mil millones.

El smog, una de las formas de contaminación más tóxicas, proviene de las plantas de combustión de carbón, refinerías y vehículos. Incluso a bajos niveles puede causar una variedad de enfermedades, incluyendo asma, daños permanentes en los pulmones y muerte prematura. Los científicos comparan la exposición al smog con quemaduras de sol en los pulmones.

No es de extrañar entonces que el público norteamericano esté abrumadoramente a favor de que la administración Obama reduzca las emisiones tóxicas y de calentamiento global. Una encuesta nacional patrocinada por la campaña La Energía Limpia Funciona, reveló que el 59% de los norteamericanos está de acuerdo en que la EPA debe regular a los contaminadores de carbono.

Además, el estudió develó que el 58% apoya un proyecto de ley energético similar al aprobado por la Cámara de Representantes en junio y que desde entonces lleva estancado en el Senado debido a la oposición del Partido Republicano.

¿Cómo es posible entonces que esta minoría haya tenido tanto éxito en bloquear el progreso hacia una economía de energía limpia y renovable que genere millones de nuevos empleos, hacia nuestra independencia energética y el fin de nuestra adicción petrolera, y hacia un aire más limpio que no envenene a nuestras comunidades?

Poderoso caballero es don Dinero.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Visite EcoCentro.


Money Talks

By Javier Sierra

Money talks and the Supreme Court has just made it talk louder than ever. The most conservative court in 100 years shook the foundations of democracy by allowing corporations to spend as much as they like on TV ads or anything else to support or oppose specific candidates for office.

In other words, the five conservative justices practically legalized the bribery of elected politicians, arguing that money is a form of speech entitled to all its First Amendment rights.

The decision kicks the doors wide open for a cancer that has been eating away at the very fiber of democracy in our nation: what I call checkbook legislation. The one with the most cash and lobbyist is the one that accumulates the most power.

I offer you the most recent symptom of this cancer. A new Senate amendment would take away the power to regulate global warming gases from the Environmental Protection Agency (EPA).

The Obama administration, obeying a Supreme Court decision and following the recommendations of its scientists, in December determined that greenhouse gases, such as carbon dioxide, constitute a threat to the public health and must be regulated.

But now Big Coal and Big Oil want to take away our power to regulate polluters.

For us Hispanics, this decision affects us practically more than any other community. According a League of United Latin American Citizens (LULAC) survey, 80 percent of us live dangerously close to a coal-fired plant. Also, 80 percent of us live in the counties with the worst air quality in the country.

It's no wonder among Mexican-Americans and Puerto Ricans, two thirds of the entire Hispanic community, asthma is considered an epidemic, especially among our children.

Global warming emissions are not only heating the planet to alarming levels. They are also poisoning our communities. The 500 coal-fired plants in the US every year cause 21,000 hospitalizations, 38,000 heart attacks and 24,000 unnecessary deaths.

But where there is smoke (or smog) there is fire. The Washington Post has reported that two lobbyists representing several members of the energy industry, especially electric utilities, helped craft recent efforts to weaken EPA's authority. Among the clients of Jeffrey R. Holmstead and Roger R. Martella -two former members of the Bush administration's EPA- are Southern Co., Duke Energy and Progress Energy.

But there is more. According to Senate records, seven polluting companies spent a combined $142 million on direct lobbying in 2009. These same companies, including ExxonMobil, BP and Chevron, also spent millions more on indirect lobbying, advertisements trying to influence public officials. These polluters are getting in the way of important rules that would protect our communities from global warming pollution and smog. And speaking of smog, the EPA has proposed new, tougher national standards for this dangerous type of ozone. Following the recommendations of its own scientists, the agency wants to reduce smog levels from 75 to between 60-70 parts per billion. Smog, one of the most toxic forms of pollution, comes from coal-fired plants, refineries and vehicles. Even at very low levels, it can cause a variety of illnesses, including asthma, permanent lung damage and premature death. Scientists compare smog exposure to sunburn in the lungs.

It's no wonder then that the public is overwhelmingly in favor of the administration's reducing toxic and global warming emissions. A national survey sponsored by the Clean Energy Works campaign found that 59 percent of Americans agree that the EPA should regulate carbon polluters.

Also, the study revealed that 58 percent support a comprehensive energy bill similar to the one passed by the House of Representatives in June, which, ever since, has been stuck in the Senate due to Republican opposition.

How is it possible then that this small minority has been so successful in blocking progress toward a clean, renewable energy economy that generates millions of jobs, toward our energy independence and the end of our oil addiction, and toward a cleaner air that does not poison our communities?

Money talks very loudly.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. Visit EcoCentro.


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