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Hay un nuevo Alguacil en Texas

Por Javier Sierra

Atrás han quedado los años de la administración Bush en los que cada gallinero --cada agencia federal-- tenía su zorro --su regulador-- para vigilarlo. Desde el Departamento del Interior, incluyendo el Servicio Forestal Nacional, hasta la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), quienes regulaban a la industria correspondiente eran sus más asiduos servidores.

Ahora los zorros han sido sustituidos por perros guardianes, reguladores comprometidos con aplicar la ley y proteger a nuestras comunidades contra la lacra de la degradación medioambiental.

Uno de estos nuevos alguaciles del medio ambiente es Al Armendáriz, administrador jefe de la Región 6 de EPA, la cual comprende Texas, Nuevo México, Arkansas, Louisiana, Oklahoma y 66 naciones tribales.

Cuando asumió su puesto en noviembre, Armendáriz se encontró con una agencia desdentada que convirtió en un arte el mirar al otro lado mientras la región entera generaba el 35% de los gases de calentamiento global que se producen en Estados Unidos.

Al mismo tiempo, su llegada fue recibida con abierta hostilidad por el mayor y más influyente estado de la región, Texas, el cual se ha querellado contra la EPA por declarar el dióxido de carbono un gas perjudicial a la salud humana. Además, el regulador jefe del medio ambiente del estado niega la existencia del calentamiento global.

"La Región 6 debería ser un líder de la protección del clima", dice Armendáriz. "En lugar de ello, los funcionarios de Texas están intentando obstaculizar el progreso con querellas innecesarias".

Por otro lado, Armendáriz, un méxico-americano de tercera generación de solo 40 años, es optimista en la derrota final de este obstruccionismo.

"Más y más corporaciones están haciendo sus productos más verdes", dice. "El ambientalismo crece en todos nosotros haciéndonos consumidores más sensatos. Los defensores del obstruccionismo van camino de convertirse en obsoletos junto con sus compañías".

Pero antes de llegar a ese futuro, Armendáriz tiene enormes retos que confrontar. Uno de los mayores es la contaminación procedente de las decenas de plantas de combustión de carbón que envenenan el aire de miles de comunidades. Según un estudio de LULAC, el 80% de los hispanos vivimos peligrosamente cerca de una de esas instalaciones.

"Está claro que para esta administración es una prioridad reconocer y reducir la contaminación de carbón", indica Armendáriz. "Nunca antes la EPA ha actuado usando tantas leyes para combatir este problema. Todas estas medidas van a reducir la contaminación de carbón en todo el país".

Armendáriz, un prestigioso catedrático de ingeniería civil, conoce la contaminación tóxica de manera íntima. El nació en El Paso, Texas, cerca de la Fundición ASARCO, la cual durante más de un siglo, hasta que se clausuró en 1999, emitió millones de toneladas de plomo y otros metales pesados. Gracias en parte a sus esfuerzos, la EPA negó en 2009 el permiso para reabrir la fundición.

"En todo el país nos encontramos con los problemas causados por la proximidad entre las industrias y las comunidades", dice. "Es un problema extremadamente difícil. Nuestro primer objetivo es ayudar a las personas a que tengan un buen lugar para vivir sin tener que relocalizarlas".

Armendáriz, quien reconoce que se tardará en olvidar y borrar el terrible legado de ASARCO, visitó El Paso en enero para reunirse con representantes de comunidades afectadas por este envenenamiento industrial.

"Está claro que todos, incluyendo la EPA, tenemos que hacer más por la comunidad", reconoce. "A veces, las discusiones sobre justicia medioambiental son las más difíciles cuando las personas necesitan ayuda que está fuera de la jurisdicción de una agencia. Seguiremos involucrados y unidos a la comunidad mientras avanza la limpieza de este lugar".

Otro foco de atención para Armendáriz es el legado tóxico del derrame de petróleo procedente de una instalación de Murphy Oil tras por el paso del Huracán Katrina y que ha causado significativos daños en St. Bernard, Louisiana.

"LA EPA ha monitoreado la limpieza de este lugar a cargo de la compañía responsable del daño", dice. "Nosotros creemos que el contaminador debe pagar y que la EPA tiene que seguir de cerca el progreso".

Y hablando de progreso, Armendáriz muestra su gran preocupación por los costos económicos y de salud causados por nuestra adicción petrolera y carbonera, y defiende que el futuro pertenece a las fuentes energéticas limpias y renovables.

"Nos gastamos miles de millones de dólares en importar petróleo", dice. "Una economía de energía limpia y renovable nos ahorrará dinero y creará empleos".

Nos sentimos todos más seguros con este nuevo alguacil en Texas.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígale en Twitter @javier_sc.


A New Sheriff in Texas

By Javier Sierra

Gone are the Bush administration years when each henhouse --each federal agency-- had its own fox --its own regulator-- to guard it. From the Department of the Interior, including the National Forest Service, to the Environmental Protection Agency, those who regulated the corresponding industry were their most loyal servants.

Now foxes have been substituted by watchdogs, regulators committed to enforcing the law and protecting our communities from the ravages of environmental degradation.

One of these new environmental sheriffs is Al Armendáriz, administrator of EPA's Region 6, which comprises Texas, New Mexico, Arkansas, Louisiana, Oklahoma and 66 Tribal Nations.

When he started his new job, Armendáriz found a toothless agency that transformed looking the other way into an art form while the region generated 35 percent of the country's global warming emissions.

At the same time, his arrival encountered the open hostility of the largest and most influential state in the region, Texas, which sued the EPA over its finding that CO2 is a danger to public health. Also, its chief environmental regulator is a global warming denier.

"Region 6 should be leading the way in protecting the climate," Armendáriz says. "Instead, Texas officials are attempting to slow progress with unnecessary litigation."

On the other hand, Armendáriz, a third-generation Mexican-American who is only 40, is optimistic about the defeat of this status quo.

"More and more Fortune 500 companies are greening their products and small businesses are discovering innovative new products," he says. "Environmentalism is growing and each of us as consumers are making a difference. I predict that those clinging on to the status quo will find themselves and their companies obsolete."

But before reaching that future, Armendáriz has enormous challenges to confront. And one of the largest is pollution coming out of dozens of coal-fired power plants that are poisoning the air of thousands of communities. According to a League of United Latin American Citizens study, 80 percent of Latinos live dangerously close to one of these plants.

"Clearly this administration has prioritized recognizing and reducing the harmful pollution from using coal," he says. "Our efforts include new air quality standards, limits on mercury emissions, and strict oversight of permits. Never before have we seen the EPA take action on so many parallel clean air laws. All of these actions will reduce air pollution from coal-fired power plants across the country."

Armendáriz, a respected civil engineering college professor, is very familiar with toxic pollution. He was born in El Paso, Texas, close to the ASARCO lead smelter, which during more than a century spewed thousands of tons of lead and other heavy metals into the air. Thanks in part to his contribution, the EPA has denied a permit for the smelter to be reopened.

"All around the country we are faced with problems caused by industry and people living too close to one another," he laments. "It is an extremely difficult problem. Our first goal in addressing pollution is to help people have a good place to live, not relocate communities."

Armendáriz, who acknowledges that it will take time to erase ASARCO's terrible legacy, visited El Paso earlier this year to meet with leaders of communities punished by this industrial pollution.

"It was clear to me that everyone --including EPA-- has to do more for the community," he says. "We started with a candid discussion about what EPA can and cannot do. Sometimes environmental justice discussions are the most difficult when people need help that falls outside one organization's authority. We will stay involved and engaged with the community as the clean-up moves forward."

Another crucial issue for Armendáriz is the Murphy Oil spill that took place in the wake of Hurricane Katrina and caused significant damage to the St. Bernard Parish, Louisiana.

"EPA policed this clean up activity that was conducted by the company responsible for the damage," he says. "We believe the polluter should pay and EPA should be close-at-hand monitoring the progress.

And speaking of progress, Armendáriz is greatly concerned about the costs, both to the economy and the nation's health, of our oil and coal addiction, and is convinced that the future belongs to clean, renewable sources of energy.

"At present we spend billions of dollars for foreign oil, and old polluting industries cause large rises in health care costs to U.S. taxpayers. A green, renewable economy will keep money in America and lead to job creation," he concludes.

We are feeling safer with this new Texas sheriff.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. Follow him on Twitter @javier_sc.


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