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Sierra & Tierra
Los Malos Vientos de la Industria Carbonera

Por Javier Sierra

Don Quijote de la Mancha, en una de sus aventuras más delirantes, ataca un grupo de molinos de viento creyendo que son monstruos mitológicos.

En un ejemplo más de que la vida real imita a la ficción, la industria carbonera y sus aliados en el Congreso Federal -- con lanza en ristre y a todo galope -- están atacando los molinos del siglo 21, la industria eólica o de viento.

El ataque no es sólo contra una de las principales fuentes de energía limpia y renovable, sino también contra la salud de las comunidades del país, especialmente la comunidad hispana.

Para que la energía eólica prospere necesita el llamado Crédito Fiscal de Producción (PTC), una política federal que acaba con ventajas injustas y que se ha convertido en un sólido generador de empleo.

El Congreso, sin embargo, fuertemente influenciado por los contaminadores, se resiste a renovar el PTC para dejar que expire a finales de este año. Si esto ocurre, sería una sentencia de muerte lenta para la industria eólica ya que acabaría con la mitad de los 75,000 empleos que genera.

Las carboneras necesitan desesperadamente esta ayuda deshonesta de sus aliados en el Congreso porque para esta industria del siglo 19 soplan malos vientos.

En los últimos años, gracias en gran parte a la Campaña Más Allá del Carbón del Sierra Club, se ha suspendido la construcción de 166 plantas de combustión de carbón y se han retirado 112. Hace sólo cuatro años el carbón generaba la mitad de la energía en Estados Unidos. Hoy produce sólo un tercio.

Esta industria es además deficitaria. Según un estudio de Environmental Integrity, las 51 plantas de carbón más sucias del país causan la muerte de hasta 5,700 personas a un costo de hasta $47,000 millones anuales. El costo social en muertes prematuras de 18 de estas 51 plantas es mayor que el valor de la electricidad que generan. De hecho, según un estudio publicado en American Economic Review, los $100,000 millones en costos de salud causados por la industria carbonera son mayores que el valor de la energía que producen.

¿Y quién paga desproporcionadamente la contaminación de las carboneras? La comunidad hispana. Según un estudio de LULAC, casi el 30% de los hispanos vivimos peligrosamente cerca de una planta de carbón. La Agencia de Protección Medioambiental nos dice que el 50% de nosotros vivimos en condados que frecuentemente violan los límites de contaminación del aire. Y los que más sufren las consecuencias de este bombardeo tóxico son nuestros niños, para quienes el asma se considera una epidemia.

La industria eólica, por el contrario, va viento en popa. Hoy genera un 25% más de energía que el año pasado. Iowa y Dakota del Sur generan el 20% de su electricidad por medio del viento y se espera que todo el país llegue a ese 20% para el año 2030.

Más de 400 fábricas producen componentes eólicos en Estados Unidos y más del 60% del valor de las turbinas instaladas aquí se genera en nuestro país. Estos son decenas de miles de empleos que no se pueden exportar y que benefician también al trabajador hispano.

La industria eólica lleva todas las de ganar: produce energía limpia y renovable aquí en nuestro país; crea decenas de miles de empleos en una economía que tanto los necesita; sustituye la electricidad producida por el sector energético más sucio, y, más importante, tiene el potencial de evitar miles de muertes prematuras.

La insistencia del Congreso Federal en dejar que expire el PTC, contradiciendo las evidencias más contundentes, sólo se puede definir como delirante.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígale en Twitter @javier_sc.


Sierra & Tierra
Time to Clear the Air: Wind Works

By Javier Sierra

Don Quixote, in one of his most delusional adventures, attacks a group of windmills after becoming convinced that they are mythological monsters.

In another example of real life imitating fiction, Big Coal and its allies in Congress are attacking the windmills of the 21st Century.

This attack is not only against one of the main sources of clean, renewable energy, but also against the health of our communities - especially the Hispanic community.

In order for wind energy to prosper, it needs the Production Tax Credit (PTC), a federal policy that helps level the playing field and that has become a key driver in wind industry job growth over the past decade.

However, under strong lobbying from polluters, Congress is resisting renewing the PTC. If it is not renewed by December 31st, over half of the 75,000 jobs that the wind industry has created are expected to be lost.

Polluters like Big Coal are in desperate need of this dishonest help from their allies in Congress because, as it turns out, the coal industry is hitting strong head winds.

In recent years, and thanks in large part to the Sierra Club’s Beyond Coal Campaign, 112 coal-burning plants have been retired and the plans to build 166 coal plants have been scratched. Only four years ago, coal generated half of the country’s power. Today, it generates just one third.

Furthermore, from an economic perspective, the industry is a losing proposition. According to a study by the Environmental Integrity Project, the country’s dirtiest 51 coal plants cause 5,700 deaths and up to $47 billion every year. The report makes the salient point that the social costs of premature deaths caused by just 18 of those 51 plants are higher than the value of the electricity the plants generate. In fact, according to another study published by the American Economic Review, the $100 billion in health costs inflicted by Big Coal as a whole are higher than the value of the service it provides.

And who gets to pick up the bill for Big Coal’s pollution in a disproportionate way? The Hispanic community. According to a LULAC study, almost 30 percent of Hispanics live dangerously close to a coal-burning plant. The Environmental Protection Agency tells us that 50 percent of Hispanics live in the counties that frequently violate federal standards for what is considered safe air quality. And the ones who suffer the most because of this toxic bombardment are Hispanic kids, whose asthma rates are considered an epidemic.

The wind industry, on the other hand, is sailing along. It generates 25 percent more energy than it did last year. Iowa and South Dakota already get 20 percent of their energy from wind and the entire country is on track to obtain 20 percent of its energy from wind by 2030.

More than 400 American manufacturing plants build wind components, and more than 60 percent of the US-installed turbine value is produced right here in the US. This means tens of thousands of good-quality jobs that cannot be exported and that also benefit Hispanic workers.

Wind Works: it produces clean, renewable energy right here in our country; it creates tens of thousands of jobs in an economy that so desperately needs them; it is a safe alternative to electricity generated by the country’s dirtiest energy sector, and, most importantly, it has the potential to avoid thousands of premature deaths.

Congress’s refusal to extend the PTC right now is, well, delusional.

Javier Sierra is a Sierra Club columnist. Follow him on Twitter @javier_sc.


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